Carta a los cuidadores de animales (14/08/2008) Imprimir este artículo
Resumen:
Esta carta va dirigida a todos aquellos que tienen contacto directo o indirecto con animales y por supuesto a todas las autoridades que legislan y supervisan el tratamiento que reciben de los humanos.
Se pueden contar por millones la cantidad de animales que reciben malos tratos por parte de los actos inconcientes que de muchas y diversas maneras, realizamos los humanos.
En muchos casos ni tan siquiera nos percatamos de que nuestra conducta está desequilibrada; en otras ocasiones lo que resalta es que los humanos están tan desequilibrados que aún dándose cuenta de la brutalidad de sus actos, o no les importa, o disfrutan haciéndolo.
En esta vida nos comportamos en función de nuestro nivel de conciencia, que es el resultante de las ideas de nuestra psicología, de nuestra educación, egos, programas mentales heredados de nuestros educadores y en especial de nuestra capacidad de obrar con la grandeza de nuestro interior.
Muchos de nuestros hábitos y costumbres los hemos heredados del entorno en el que nos hemos formado, adquiriendo mecánicamente “errores en cadena” que sin plantearnos ejecutamos como la “única” o la “mejor” de las opciones posibles.
De esta manera todos los días vemos como en muchos lugares del planeta (y sin irnos muy lejos de casa) muchos animales sufren las consecuencias de la falta de reflexión y comprensión de sus cuidadores.
Son muchos los que por desconocimiento e ignorancia no tratan adecuadamente a los animales que tienen a su cargo.
Aclarar, que para mí las relaciones con los animales no son de dueño a siervo, sino de Ser a Ser. Al igual que nosotros no somos un cuerpo físico y nada más, sino que lo que realmente somos es el Alma que da vida y energía a ese cuerpo, con los animales sucede lo mismo, ellos no son unos cuerpos “muertos” sino Almas (que algunos llaman elementales) con sus respectivos cuerpos.
La dueña, en todo caso, de los cuerpos tanto de los animales como de los humanos es la propia Madre Naturaleza que nos facilita todos los medios necesarios para desenvolvernos.
Los humanos a lo máximo que podemos aspirar es a compartir un tiempo y un espacio con los animales. Es de ignorantes creer que uno es el dueño de algo, en todo caso somos sus cuidadores y sólo desde que los hemos “domesticado”, porque en libertad perfectamente viven en plenitud de facultades, y seguro, que en mejores condiciones que estando al cargo de los humanos.
Para mí la muerte es la encargada de aclarar las posesiones de cada uno de nosotros. Todo lo que te puedas llevar te pertenece, todo lo demás, sólo es compartido.
Si todos pudiéramos alcanzar la comprensión de que los animales son nuestros COMPAÑEROS, nos iría mucho mejor a todos. Con esto lo único que pretendo es que reciban un tratamiento más digno y equilibrado del que actualmente reciben.
Todos los animales sean de la índole que sean deben de recibir un trato digno y respetuoso por parte de los humanos. El no hacerlo no nos engrandece sino todo lo contrario.
La mejor manera de comprender a los demás (incluyendo a los animales) es la de ponernos en su situación. Si yo fuera pájaro no me gustaría vivir en una jaula, si fuera perro no me gustaría vivir atado a una cadena y si fuera caballo tampoco me gustaría estar estabulado y salir una o dos horas al día a pasear, en las mejores de las situaciones, porque muchos sólo salen un rato el fin de semana, y por desgracia, otros sólo los sacan el día de la romería de su pueblo. O sea, una vez al año. LAMENTABLE.
Cierto es que sus cuidadores no tienen malas intenciones con ellos e incluso los “quieren”, pero más cierto es que la Virtud (conciencia) alejada del bien, a veces, es peor que el propio mal.
La falta de reflexión y el aprendizaje mecánico realizado por imitación, nos lleva a cometer actos desequilibrados en todos los aspectos de nuestra vida.
Al igual que merecen una vida digna, también merecen una muerte igual de digna.
Todos aquellos animales que sirven para alimentarnos deberían de vivir en unas condiciones óptimas y equilibradas. Ver las condiciones en las que viven, como son alimentados, transportados y sacrificados, lo único que denota es que nos queda mucho trabajo por hacer y que el nivel de Conciencia de nuestra sociedad está lejos de ser el de un nivel de seres inteligentes.
Es de necios maltratar a los animales que más tarde nos van a servir de sustento. Los alimentos además de sus nutrientes, disponen de energías que se escapan al entendimiento de las mentes ignorantes que sólo le dan valor a lo que observan con sus propios ojos. Si esas energías se adulteran o se desaprovechan, nuestros organismos no las asimilan debidamente, con el grave perjuicio que ello conlleva para nuestra salud física y mental.
Hace ya varios siglos algunos Indios Pieles Rojas Americanos que tenían conexión con el Gran Espíritu, predijeron que “… el hombre blanco moriría de hambre comiendo de platos llenos”. Inconscientemente estamos extrayendo las sustancias y energías a los alimentos que necesitamos para el equilibrado funcionamiento de nuestros cuerpos. Y todo este lamentable proceso empieza en las granjas de animales y en los terrenos cultivables. Cuesta creer como en muchas granjas de pollos y de gallinas ponedoras, estos animales puedan vivir toda su existencia sin dar un solo paso, pues las jaulas son tan estrechas que no pueden moverse. Amen, de que la alimentación no sea la correcta y que jamás reciban la luz del sol, por poner algunos ejemplos.
En la inconsciencia el ser humano está más cerca de la locura que de la cordura y ocasiona graves daños a los demás seres y a él mismo.
Sólo un ser desequilibrado y repleto de complejos puede humillar o despreciar a cualquier otro ser (incluidos los animales).
Por desconocimiento y por tradición, “domesticamos” a los animales que tenemos a nuestro cargo empleando métodos violentos y antinaturales. Desde tiempos inmemoriales ha habido métodos que algunos seres con una conexión más equilibrada con la madre naturaleza, han sabido emplear para así aprovechar las diferentes características de los animales en beneficio del hombre sin que los animales sufran daño alguno, en plena cooperación hombre-animal.
Todo aquel que realmente sienta el verdadero interés de relacionarse equilibradamente con los animales acaba descubriendo las técnicas necesarias para lograr su fin. Cada vez que tenemos un anhelo sincero por aprender y crecer, la magia de la vida nos facilita las respuestas.
Necesitamos cambiar nuestra manera de relacionarnos con el medio en el que vivimos, pero para ello primero tenemos que cambiar nuestras ideas y profundizar en la grandeza de nuestro interior. Una conexión más íntima con nuestro Yo superior armoniza todas nuestras actuaciones y equilibra nuestra vida al completo.

C. Román