Carta a los tiranos (14/08/2008) Imprimir este artículo
Resumen:
Cuando él, por “inconsciencia”, estaba de “rodillas” en el suelo:

• Los “inconscientes” se tropezaban con él, causándole diversos daños.

• Los malvados le pisaban las manos y esbozaban ligeras sonrisas.

• Los envidiosos le arreaban patadas en el trasero para aliviar sus complejos.

• Y la escoria se subía a su espalda y elevaban los brazos al cielo haciendo la señal de victoria.

Cuando alguien vive de “rodillas” ni ve ni siente el daño “real” que le hacen. Se aletarga y sufre para “dentro”, sin darse cuenta de lo que realmente está sucediendo. Poco a poco se va sedando, hasta el punto de “insensibilizarse” a todos los niveles para evitar el dolor.
No todos los inconscientes viven de “rodillas”, sólo, aquellos que teniendo connotaciones de nobleza y bondad, han sido “entregados” a los “demonios” (actividades exteriores con maldad) por sus guías (padres, educadores, amigos, familiares…) que previamente les “lavan” el cerebro, convenciéndoles de que “no deben de tener en cuenta el que le falten al respeto, le tiranicen, maltraten, desprecien, insulten, etc.”. Les han convencido de que eso era lo más acertado y beneficioso para ellos. Desde ese convencimiento y con las connotaciones de bondad y nobleza, es muy fácil aprovecharse y machacar al que vive de “rodillas”. Y además, con la opinión que tiene de la vida, siente las “manos atadas” ante tal situación. Cree rotundamente (debido a su lavado de cerebro) que sus “problemas” no tienen solución y no encuentra la manera de ponerle fin a sus circunstancias.
Ahora que ha conseguido ponerse de pie el que estaba de “rodillas”, lo primero que advierte es que ha recuperado la vista, el oído y la voz.
Ahora, ve la sutileza de los malvados y la torpeza de los inconscientes.
Ahora, oye a leguas los desprecios de los insatisfechos, acomplejados, envidiosos, traumatizados y desalmados, que claman y braman a los cuatro vientos que la vida les devuelva “su saco de boxeo” para seguir descargando su ira contenida.
Ahora, capta, a tantos y tantos aprovechados, que llenos de temores, perezas e inseguridades, se “recostaban” sobre su espalda para descansar algunos y otros para subirse a “caballito”. Y, sin ningún resquemor, no dudaban en arrearle con sus talones sobre sus costados para que aligerara el paso. Lo utilizaban como burro de carga y se aprovechaban del esfuerzo ajeno.
Ahora, ha recuperado el verbo, la fuerza y el valor.
Ahora, puede, debe y quiere levantar la voz contra todos aquellos que en su día abusaron, se aprovecharon o directamente se divirtieron descargando sus mezquindades sobre el que estaba de “rodillas”.
Ahora que está de pie, advierte que los “inconscientes” han recobrado “milagrosamente” parte de su conciencia y cuando pasan a su lado lo hacen con mucha prudencia. Los “aprovechados” bajan la cabeza, miran para otro lado y pasan de largo. Y las “ratas” huyen despavoridas atemorizadas como siempre, pero siguen sin compasión ni comprensión y sin ni mucho menos, arrepentimiento.
Ahora Él, se siente en deuda consigo mismo por haber obviado la cruda realidad, por haberse traicionado a sí mismo, por no haber confiado en su susurro interno, por meter la “cabeza bajo tierra” cuando eran momentos de sacar pecho y hacer frente a la tiranía del ego.
Ahora ha llegado el momento de levantar la mirada, la voz y afianzar la esperanza y la confianza en el presente de que ya nada del pasado volverá.
Ahora ve, siente, intuye y vive de manera diferente; algo grande ha surgido, no ha nacido, ya existía, lo que ha pasado es que se ha puesto de pie.
Hijo de “mala madre” es, porque hay que ser “mala madre” para dar a uno y quitar a otro, engrandecer al primero y empequeñecer al segundo y consentir al “mal criado” que se aproveche del empequeñecido. Pues lo siento por ella, porque, ahora, el que estaba de “rodillas” se ha puesto de pie, y, bajo ningún concepto, siente el más mínimo agradecimiento y respeto por su papel de “madre”, sino pena y desprecio.
El único consuelo que le queda al que está de pie, es el alivio al comprobar que todo ha sido un “sueño”, y que, afortunadamente, ha conseguido despertar del mismo.
Actualmente su mejor compañera es la soledad, la que nunca traiciona y siempre te permite encontrarte a ti mismo.
Hijo de “mal padre” es, porque hay que ser “mal padre”, para aprovecharse del que le tiende una mano sincera y voluntariosa; en 30 monedas ha estimado su valor como “padre” el que ahora está de pie.
El que está de pie, nada quiere ni nada le reprocha al que estaba de “rodillas”. Ni pretende recordarle ni compadecerle, simplemente, olvidarlo y seguir hacia delante.
A todos aquellos que han conocido al que estaba de “rodillas”, hoy les digo, que no se molesten en llamar a su puerta, en buscarle o en buscar el más mínimo gesto de complicidad o atención por parte del que hoy está de pie.
En el fondo ninguno de vosotros quiere al que está de pie. Al que buscáis es al que estaba de “rodillas”, y lo hacéis porque lo “necesitáis”; unos, para sentiros bien al verlo de “rodillas” y aliviar vuestras frustraciones, otros, para serviros de él como mulo de carga, y los peores, para aliviar vuestras mezquindades y vuestra ira.
Al que está de pie lo teméis, pero porque estáis muertos de miedo y todo lo que tiene sabor a autentico y valedero os atemoriza, y, por supuesto, tampoco sabéis como comportaros con él y eso os atribula.
Sinceramente, lo mejor que podéis hacer es alejaros de él y volver a vuestros ataúdes para mortificaros con vuestras “miserias”.
Al que está de pie no le entendéis, y mucho menos, le comprendéis, y ni tan siquiera lo vais a intentar. Porque ninguno de vosotros vais a hacer el esfuerzo de comprenderle, pues, lo único que buscáis y seguiréis buscando es ser comprendidos, en todo momento, por los demás.
El que está de pie, no siente lástima por ninguno de vosotros, al fin y al cabo, cada uno ha elegido la silla en la que está sentado. Lo único que pretende, hoy por hoy, es olvidar y mirar hacia delante.

C.Román